"El Regreso"
por Ousia
La impetuosa lluvia golpeaba cada vez con más violencia, castigando con dureza los cristales de las ventanas, aplastando su rabia incontrolable en el tejado, como si de un ilícito baile se tratara.
Decidí levantarme, pues una vez despierta me resulto imposible volver a dormir.
El resplandor de los relámpagos irrumpía en mi dormitorio iluminándolo por completo con cada uno de ellos. Los estremecedores truenos hacían que volviese la mirada atrás, con un frió miedo, instalando en mi cuerpo intensos temblores, por el pánico que sentía, allí sola, en medio de la oscuridad, acompañada únicamente por los gritos de lamento que desde fuera seguían sacudiendo todo a su antojo.
Me acerque a la ventana para mirar a través de ella, horrorizada, observé como una extraña sombra inhumana se acercaba lentamente, intentando entrar dentro, me aparté aterrada, noté como mi corazón se aceleraba, dando impetuosos latidos, traspasando la barrera del miedo, helándome la sangre en las venas.
Salí rápidamente, sin saber en realidad lo que acababa de presenciar, bajé las escaleras corriendo, buscando refugio en alguna de las otras estancias que había en aquella gran casa. Demasiado grande para una sola persona, demasiado vacía y solitaria para soportar todo el dolor que albergaba en mi interior. Me dirigí a la biblioteca, el único lugar que llegaba a transmitir algo de paz a mi alma. Entre en ella, encendiendo la luz y cerrando la puerta tras de mi, sin mirar siquiera al hacerlo, estaba tan asustada que me costaba respirar con normalidad, no lograba poner en orden todos los pensamientos que en ese momento se agolpaban en mi mente. Allí, en aquella habitación estaban reunidos todos mis pequeños tesoros y grandes secretos. Pedazos de mi vida concentrados en objetos que ahora formaban parte de ese lugar. Daba igual donde mirara, cada uno tenia su fragancia y su color, cada uno poseía un recuerdo y un significado único para mi. Me sentía segura entre aquellas cuatro paredes repletas de libros, mágicas palabras encuadernadas, algunos eran nuevos descubrimientos, otros viejos amigos rescatados del olvido. Cuando me disponía acostarme en uno de los cómodos sillones que allí había, para así poder terminar de pasar la noche, advertí unas pisadas aproximándose, note como una mano acariciaba sutilmente mis cabellos, me gire muy despacio y pude verlo, ahí frente a mi, de pie, con una elegante sonrisa en su semblante, su larga melena negra, su pálida tez y sus hermosos ojos verdes. Vestido de negro por completo, llevaba un largo abrigo de cuero, que le tapaba casi por completo, dejando tan solo a la vista unas botas altas con hebillas que le daban un toque peligroso a la vez que sexy. Sentí como fijaba su mirada en mí, sin apenas parpadear, como era dueño de la situación y lo sabia.
Con un andar elegantemente felino se acerco en pocos pasos, tomándome en sus brazos y dejando que mis ojos navegaran por la inmensidad de los suyos, haciendo que me perdiera entre la cristalina grandeza de su mirada. Vi el reflejo de lo que en un pasado fuimos, de lo que desapareció en un soplo de mi vida, todo lo que realmente ame, pude verme flotando en un soleado día de primavera junto a el, oír como nuestras risas volaban al cielo, junto a toda la belleza y esplendor de aquel lugar.
Deseaba seguir soñando si es qué era un sueño, o morir antes de despertar, porque estaba otra vez con el, volvía a estar a su lado y mi corazón empezaba a retomar la fuerza que en un pasado tuvo.
Era como si el tiempo se hubiese detenido, las tímidas manecillas del reloj habían cesado en su apacible tarea. Dejándonos a los dos en el centro, en el silencio de nuestra propia soledad.
Tenía tantas preguntas que realizar, tantas cosas que recriminar, pero me sentía cobarde y no podía hablar, mi voz estaba apagada y desde el fondo de mi garganta sentía como me ahogaba, queriendo gritarle, porque lo había hecho, porque me abandonó, porque no lucho por permanecer a mi lado.
De mis ojos empezaron a brotar las lagrimas que nunca dejé que fueran derramadas, toda la amargura que albergaba en lo mas profundo de mi ser.
Sin emitir ni una sola palabra, tomó mis labios en los suyos y los devoró con un beso abrasador, experimente el maravilloso contacto de su lengua contra la mía. Sus manos bajaron por mi cuello, introduciéndose bajo mi camisón, apartándolo delicadamente de mí, desnudándome por completo. Tomo uno de mis pechos en su boca, jugueteando dulcemente con el pezón, mientras me tumbaba en el suelo, su labios recorrían mi abdomen depositando besos por el. Se deshizo de su ropa dejando su escultural torso a la vista. Me mordí el labio, al contemplar el bello rostro mientras sentía su duro y viril cuerpo entre mis piernas, un gemido de placer escapo de mis labios al sentir como me penetraba, como se introducía dentro de mí una y otra vez. Llenándome por completo, saciando su voraz apetito conmigo.
Había pasado demasiado tiempo desde que se alejo de mi lado, y ahora que había regresado no dejaría que jamás volviera a desaparecer, no podría soportar de nuevo su ausencia, moriría antes de tener que volver a vivir sin el, pero algo me decía que el ya no pertenecía a este mundo y yo tampoco.
Lo afrontaría con valor, siempre que hubiese un futuro para los dos, daba igual donde fuera, o lo que tuviera que hacer, siempre que pudiéramos permanecer el uno al lado del otro.
Nos pertenecíamos y siempre lo haríamos.